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Una broker en Wall Street de casi 100 años

Muchos se van a dedicar a su profesión toda la vida. Siempre conocemos a alguien que vive por y para el trabajo, pero que disfruta con ello. Una de las profesiones donde más abunda esta situación es la bolsa, y concretamente la profesión de broker. Wall Street es un mundo que puede enganchar, y mucho, sobre todo si eres bueno.

Y esto es precisamente lo que le pasa a Irene Bergman, una broker en Wall Street con 99 años, a punto de cumplir su centenario. Es asesora financiera en Stralem & Co, como cuenta en una entrevista que le han realizado en Bloomberg. Trabaja en esta empresa desde 1973.

Según ella, muchos inversores se obsesionan con obtener beneficios rápidos, pero lo mejor es esperar 3 años, o mejor aún, muchos más para evaluar las participaciones en una empresa. Es importante investigar nuevos mercados, modificar la cartera y cambiar de valores, y sobre todo no tener miedo a hacerlo si así lo creemos.

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“Cuánto más tiempo se está en este negocio, más pesimista se vuelve uno”, afirma la broker. ” Yo soy capaz de volverme alcista, imaginándome una acción hace 40 años”. Una profesional de la industria, que dobla la edad a más de la mitad de los trabajadores. Reconoce que la forma de hacer negocio ha cambiado. Ahora se es mucho más competitivo, y hay muchas más “puñaladas”.

Un apartamento en el centro de Manhattan, donde ha vivido durante más de 60 años, con muebles hechos en Europa antes de la Segunda Guerra Mundial y sillas francesas de Luis XV. Cuatro asistentes personales que atienden sus necesidades durante todo el día. No está casada y tampoco tiene hijos. Así es la vida de esta broker de casi 100 años, que aún pide investigaciones sobre valores particulares de clientes a sus colegas de Stralem, con sede en Nueva York, incluyendo a su presidente Hirschel Abelson.

Desde pequeña tenía el sueño de dedicarse al mundo de la bolsa, y a ser como su padre, que se dedicaba a la bolsa privada en Berlin. Esas aspiraciones se estancaron cuando los nazis expulsaron a su familia judía de Alemania y de Holanda. Ellos vinieron a los EEUU y en 1942, Bergman comenzó a trabajar como secretaria en un banco. Quince años más tarde, se unió a Hallgarten & Co., un miembro de la Bolsa de Valores de Nueva York.

“Las mujeres de Wall Street no eran muy populares”. En Stralem tiene a su cargo activos por casi 2.000 millones de dólares , es experta en identificar acciones “de primera” y “baratas”. Administra dinero para entidades y cuentas individuales, 11 son suyas. Forma parte del comité de inversiones de la firma.

Bergman, quien dejó de visitar la oficina en diciembre y cumple 100 años en agosto, atribuye su longevidad a los buenos genes, no a alguna dieta especial. Ella dijo que se quedó en buena forma física montando caballos de doma hasta que tuvo 80 años y también gracias a su mentalidad fuerte, además de la renuncia a la jubilación.

Un punto positivo para los inversores de hoy es la capacidad de vender grandes bloques de acciones rápidamente, dijo Bergman. Hace años, habría tomado semana ejecutar ejecutar una orden grande. Ahora se tarda horas o días.

Al mismo tiempo, la velocidad tiene “grandes desventajas”, dijo. “Las personas operan demasiado rápido, y no debe ser así”.  Su cautela se ha traducido en clientes leales, según Philippe Labaune, jefe de operaciones de Stralem, quien dijo que en casi 20 años en la empresa, nunca la ha visto  perder una cuenta.

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